Home arrow Arte arrow Escultura - Instalación arrow Enrique Marty y el muñeco catódico





Enrique Marty y el muñeco catódico PDF Imprimir E-Mail
escrito por Juan Albarrán   

Tan pronto te monta una feria estrambótica con tiovivo y mujer barbuda incluidos, como te llena un museo de pintura invasiva. Puede convertir a sus familiares en pequeños monstruos o trabajar como escenógrafo para grandes óperas. Enrique Marty es un pintor que escapa de las convenciones del medio. En un momento en que se habla de la tan manida muerte de la pintura y de su bendita expansión, Marty convierte en pintura todo lo que toca.

loca_1.jpg

La parte más conocida de su producción es un extenso álbum de "instantáneas" pictóricas. A partir de polaroids, el artista pinta retratos (o antirretratos) de algunos miembros de su familia. En el proceso de reubicación de la imagen, que pasa del papel fotográfico al lienzo, estos personajes sufren grotescas mutaciones que les convierten en terroríficos seres recién salidos de una peli de terror. No hay compasión, ternura o cercanía que valgan, Marty consigue extraer de los suyos lo más siniestro y truculento que a menudo habita nuestra cotidianeidad. En sus esculturas el proceso de mutación es muy similar. Unos niños que a simple vista podrían parecernos traviesos escolares se convierten tras una mirada detenida en diablillos entrañables. Una rondalla valenciana caracteriza a la perfección esta misma sensación de extrañamiento que encontramos en Marty: paseamos plácidamente por el bosque cuando escuchamos el llanto de un bebé. Buscamos entre los árboles y divisamos al pequeño junto a un arroyo cercano. Nos agachamos y descubrimos su cara. El bebé con apenas unos días de vida se tranquiliza, le hacemos una carantoña y, entonces, ese tierno lactante sonríe dejando al descubierto una dentadura repleta de grandes dientes perfectamente alineados... Eso es lo que sentimos ante los niños de Marty. Nos intranquilizan, nos inquietan, nos dan mal rollo. Hay algo que se sale de lo normal y que no podemos identificar con exactitud: sonrisas malignas, dentaduras hiperdesarrolladas, facciones deformes, miradas adultas e incluso ancianas. Estos muñecos, a medio camino entre Chucky, el muñeco diabólico, y las pequeñas criaturas de Cromosoma 3 (David Cronenberg, 1979), nos atraen y nos repelen al mismo tiempo.

31~0.jpg

Las mutaciones que aquejan a los adultos de Marty van aún más lejos. Es como si, tras demasiadas horas ante la tele, su padre comenzase a parecerse a George Clooney y su madre adoptase los rasgos de cualquiera de las petardas que habitan los estudios televisivos. El tubo catódico desencadena el cambio. Las imágenes invaden la retina alterando la realidad. Entonces no hay escapatoria: la imagen pasa a dominar el cuerpo, provoca la metamorfosis, moldea la (nueva) carne. De pronto todos nos convertimos en monigotes, en personajillos ridículos, en marionetas a las órdenes de un Marty que, mientras, seguirá descojonándose de nosotros.  

 
< Anterior   Siguiente >



Advertisement

Secciones
Ultimo Publicado
069.gif
Lo + Visto

 
© 2010 monografico.net
Para cualquier sugerencia, error, intercambios, link roto o lo que quieras mandanos un email a monografico@monografico.net