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Juan Hidalgo recuerda que cuando su madre estaba en La Mancha, con sus padres y hermanos, de pequeña, pedían en la tienda "el algo" después de hacer la compra: "deme vd. algo, decían y el tendero les daba unas pastillas de limón, unas habas secas, algo. Yo también les doy este algo". Sin duda la economía poética de lo mínimo que caracterizó la música y los eventos zaj se ha mantenido constante en las propuestas de Juan Hidalgo, un compositor que ha sedimentado en sus obras la amistad, los rastros de conversaciones, los chistes privados, los gestos de complicidad, con un humor magnífico. Recordemos que las intervenciones zaj se localizaban en la "constelación Cage" (esa música entendida como proceso en la que las nociones de cambio, indeterminación y comunicación son vertebrales), desplegándose como acontecimientos oblicuos, pequeñas anotaciones poéticas que, terminan por revelarse como provocaciones radicales. Entre las obras de Juan Hidalgo es inevitable la referencia a Viaje a Argel, un libro fundamental dentro de la historia del arte contemporáneo español, donde se formula una lúcida combinatoria que amplía el concepto de lo musical.
Los conciertos zaj son una sucesión de "etcéteras" siendo también el núcleo de la escritura de Juan Hidalgo: fragmentos cotidianos ofrecidos al público fuera de contexto a través de gestos, desplazamientos, frases escritas, silencios y exhibición de objetos. En un sentido radical, el "etcétera" es el testimonio de algo que ha sucedido, la mostración también de "algo más" en una clave cifrada, con un tono de cercanía seductora. En uno de sus textos mantenía Juan Hidalgo que es ocioso buscar gran precisión o certeza. Lo poético funciona como el "haikú", a partir de un despojamiento absoluto, recurriendo a la nominación esencial, dejando que la vida aparezca de una forma sutil, con todo lo que tiene de accidental y gozosa. En la manifestación objetual este creador deriva habitualmente hacia el chiste visual, como es evidente en La hostia de choroní (1999), una piedra con una minúscula estrella pegada sobre un almohadón bordado primorosamente o en ese pan que ha caído en una trampa de ratones. Pero también aparecen, como raros ready-mades, un conjunto de grandes papeleras de distintos colores, en una parodia de la retórica manierista de las instalaciones o una cajas de madera con elementos geométricos que rescriben el código minimalista en una clave lúdica. Juan Hidalgo ha desarrollado numerosas acciones fotográficas, ya sea desde el esquema clásico del performance como un ponerse desnudo precisamente para formular un velamiento, en derivas poéticas como cuando coloca una flor en el jarrón con una atmósfera melancólica, manteniendo un gozoso eterno retorno del erotismo o sedimentando en las obras su experiencias autobiográfica. Es, no tengo ningún género de dudas, uno de los grandes maestros que he conocido, sutil y generoso, dado al regalo, cómplice o, mejor, derramado en los que quiere. No me extraña que fotografíe ese beso de amor. Lo tiene bien merecido. Fotos cortesía www.trayectogalería.com |