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Arquitectura Laberíntica PDF Imprimir E-Mail
escrito por Samiñán   
En la bienal de Munich de 1995 expuse por primera vez mi concepto de arquitectura laberíntica despertando el interés general del público, si bien, al final, por motivos que no vienen al caso, me vi obligado a abandonar el recinto entre fuertes dispositivos de seguridad de la policía teutona y mi stand fue asolado y quemado por hordas de nazis purulentos. No obstante, el concepto sigue vivo y ante lo melifluo de las propuestas actuales vuelvo a desempolvarlo aquí para provecho de todos. Se trata, en pocas palabras, de la antítesis de eso que han dado en llamar espacios abiertos. Lo diáfano ha muerto, viva el embrollo. Así, en mis casas, unifamiliares o pisos, los tabiques proliferan por doquier constituyendo pasillos estrechos y enrevesados que tras caracolear indefinidamente desembocan en pequeños espacios cerrados, íntimos y confortables. Por supuesto, cualquier persona ajena a la vivienda se perdería en estos pasillos que se entrecruzan y se enredan hasta el absurdo.

Incluso se juega con diversos niveles de tal modo que por un pasillo se sube, se avanza un tramo a cuatro patas, se desciende y sigue su recorrido hasta, por ejemplo, un cubículo acolchado con un sillón de masaje unipersonal y un terminal de ordenador. O dos estancias se sobreponen sin tener cada una más que un metro y poco de altura. No hay necesidad de estar en los sitios de pie como un tonto. Se puede reptar, tumbarse, recostarse. La luz, la temperatura, el acolchado y el aislamiento acústico juegan un papel primordial para crear este ambiente único de sosiego, refinamiento, seguridad y confort. Imaginen que paz volver por fin del trabajo agotado y hastiado y recorrer el laberinto hasta llegar a sentarse a cagar en una de estas islas inescrutables sin oír un solo ruido, sin que nadie acierte a perturbarnos, sin nada fuera de nosotros mismos. Esto sólo es comparable a la sensación que debe sentir un feto flotando dentro del vientre materno.

Los diseños son únicos para cada caso y sólo atienden a la búsqueda de ese ambiente que he descrito. El espacio disponible se diluye, no quedando ni un hueco libre o abierto. Desde una vista cenital observaríamos un laberinto de ratas de laboratorio. Laberinto-laboratorio. Todo se convierte en pequeño y manejable, fácilmente defendible.

Como ven, la felicidad sólo requiere una toma de conciencia y un paso valiente de ruptura con las ideas nefastas que en estos tiempos nos vomitan desde la televisión.
 
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