|
Si es que algunos niños están para comérselos…, y si no, que se lo digan a este artista natural de Shanghai. Zhu-yu , desafiando a la censura y rompiendo el último tabú que se cierne sobre la humanidad, el canibalismo o antropofagia, lleva más de dos años presentando un performance en el que devora parte de un feto de siete meses, que ha sido previamente cocinado.
Estas imágenes formaron parte de un documental titulado "Pekín se mueve", emitido en la cadena británica C h a n n e l 4 , c o n s i - guiendo una audiencia de más de un millón de espectadores. Esta cadena, de corte sensacionalista, también fue la responsable de emitir la autopsia pública que realizó el doctor Von Hagens, que causó no menos controversia. Aunque muchos sostienen que se trata de un engaño efectista, y que el cadáver es un cuerpo de pato con la cabeza de un muñeco, lo cierto es que se trata de un bebé real que nació muerto, y que según él, consiguió en un colegio médico. De hecho hay fotos previas al banquete donde se le puede observar lavando al niño bajo un grifo y preparándolo para cocinarlo. Zhu-yu afirma que ninguna religión prohíbe estrictamente el canibalismo, y que ninguna ley se manifiesta claramente en contra de la ingesta de carne humana. "He aprovechado el espacio vacío entre la moral y la legalidad para desarrollar mi trabajo" asegura. Pero la degustación de este banquete incomparable no fue d e s u a g r a d o , y menos mal, porque si hubiese declarado que le pareció delicioso hubiera tenido aún más problemas. Afirmó que la ingesta d e l a c a r n e d e l infante no le resultó agradable, ni mucho menos sabrosa. Al contrario, le supo b a s t a n t e m a l e incluso le produjo arcadas y le hizo vomitar varias veces. La segunda parte de la performance se titulaba "Cerebro enlatado", y consistía en introducir sesos humanos en recipientes para mermelada. Más tarde, volvió a estar en el candelero con su obra "Skin graft", en la que cosía un trozo de su propia piel en e l c u e r p o d e u n cerdo muerto, en un intento simbólico de sanar el cadáver agregando la piel saludable. (¿?). Anteriormente a estas obras ya instaló un brazo de un muerto momificado en una muestra de arte, al que tituló "Pocket Theology". La mano pendía del techo de la sala, sosteniendo una soga que recorría toda la instalación. Lo curioso es que las fotografías de Zhu- Yu devorando al pequeño circularon por Internet causando gran alarma, pues iban acompañadas de un comunicado que denunciaba la costumbre de comer fetos en algunas regiones de China, que los consideraban una auténtica "delicatessen", y además, aseguraba que incluso en algunos restaurantes se servían estos "manjares" p a r a d e l e i t e d e l o s comensales. Este rumor generó una actitud de repulsa y vergüenza a nivel internacional, suerte que el gobierno chino se manifestó a tiempo, desmintiendo radicalmente las graves acusaciones. Tal fue la indignación provocada por este altercado que el Ministerio de cultura prohibió seriamente las manifestaciones artísticas transgresoras de carácter sangriento, violento o erótico, en especial las que incluyeran la manipulación de animales o humanos, vivos o muertos, amenazando con penas de entre tres y diez años de cárcel a los artistas que osaran incumplir estas normas. No solo el arte de Zhy-yu conmovió y sacudió las conciencias de la sociedad oriental, a la vez que él, otra serie de artistas del llamado "arte corporal chino", se atrevieron con propuestas igualmente arriesgadas e impactantes. Tal es el caso de la pareja formada por Peng Yu y Sun Yuan. En su pieza "Siamese Twins", los artistas, mediante una transfusión en directo, bañan de sangre los cuerpos de dos siameses muertos, aludiendo a la irreversibilidad de la muerte y la imposibilidad de resucitar. La obsesión de Peng Yu gira en torno a la creencia de que el cuerpo carece de alma, y en otra de sus acciones, llamada "Oil of human being", inyecta en el cadáver de un niño lo que ella llama "aceite de humano", y que no es sino un líquido oleoso que exhudan los cadáveres de la morgue. En otra de sus obras, mostraba una columna untada de grasa humana proveniente de liposucciones. La muestra iba acompañada de fotografías que mostraban el proceso de la liposucción del tejido adiposo, así como la preparación de la grasa para embadurnar la columna. Esta obra se parece sospechosamente a la que ya realizara la artista mejicana Teresa Margolles, "Secreciones sobre el muro", y en la que también utilizaba la grasa obtenida de clínicas de liposucción. ¿Coincidencia?… Quizá una vez más, y como sucede en el cine, el arte se copia a sí mismo. En estas muestras de arte chino, sobre las que además se tiene muy poca información, no parece quedar muy claro el concepto sobre los que los propios artistas intentan sustentar y justificar su arte, parece más bien que se trate de una moda, importada o autóctona, y no parece que vaya a trascender por lo difícil que resulta profundizar en sus registros y sentidos, de dudosa sinceridad. Parece una especie de competición sensacionalista para ver quien logra causar más impacto en el público con sus acciones. Fuera de los límites de la cultura oriental, también encontramos manifestaciones extremas que tienen como protagonista el canibalismo, aunque no de una manera tan radical. Tal es el caso de la argelina China Adams, que pidió a través de Internet un "donante de carne humana" para una performance, consiguiendo la donación de un trozo de muslo, que cocinó con aceite y ajo y devoró ante una perpleja audiencia. Ya en 1999, la artista permaneció nueve días alimentándose exclusivamente de sangre, proveniente de voluntarios, en una obra que tituló "Blood Comsuption". El francés Michel Journiac hizo un pastel con su propia sangre (infectada con el virus del SIDA) y lo dio a comer al público que asistió a su acción "Messe pour un corps". Ron Athey hizo algo similar en una de sus performances, lanzando al público papeles manchados de su propia sangre, también infectada, provocando la estampida del público, aterrorizado ante la posibilidad de contagio. www.anaelenapena.es |