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Prácticas performativas y prácticas de registro. Llámalo performance Llámalo arte Yo lo llamo desastre. Si no queda grabado (... ) La irónica letra de Electrícity, la canción escrita en 1996 por Neil Tennant y Phil Lowe para el disco Bilingual de Pet Shop Boys es un reflejo de los paradójicos deslizamientos entre «acción» y «registro» que ha experimentado la performance desde sus inicios hasta hoy.
Hablamos de una práctica que nació con la voluntad manifiesta de contrarrestar la mercantilización del objeto artístico a través de acciones –necesariamente efímeras– que buscaban una relación más directa y espontánea con el espectador; y que han ido evolucionando desde la reformulación de la acción original en función de los medios de registro disponibles, hasta la realización de performances –en privado– cuya principal función era, de hecho, la de ser exhibidas públicamente en fotografías y vídeos. Un ejemplo paradigmático de esta actitud se encontraría en el trabajo de artistas como Mathew Barney, Mariko Mori o Vanessa Beecroft cuyas performances tienen como uno de sus principales objetivos, obtener excelentes fotografías y registros de video, que las dotan de una nueva perspectiva. De hecho, siendo tres de los artistas más conocidos y exitosos del mundo gracias al «glamouroso» atractivo de sus imágenes, son muy pocas las personas que han asistido en directo a una de sus performances. En este caso la colocación y el encuadre de la cámara en relación con los actores de sus acciones será determinante en la percepción que de ellas obtiene el público. La contrapartida paradójica respecto al trabajo de estos performers podría encontrarse en la mercantilización de las fotografías y videos que documentan las acciones más radicales de artistas como Santiago Sierra, el cual realiza performances –de incuestionable contenido político– que, a priori, no han sido concebidas para su registro y que, sin embargo, se documentan en impactantes fotografías en blanco y negro y de gran formato –ligeramente desenfocadas y con una emulsión forzada y ostensiblemente granulada– para abundar en la dialéctica entre la fotografía artística y la documental que -sin que probablemente el propio artista lo sepa- pervierten la cruda realidad de esas acciones. |